4 de juny del 2011

el día en que conocí a Albert Espinosa... o cómo ponerse nerviosa en milésimas de segundo y estropear un discurso

La historia del día en que conocí a Albert Espinosa... o cómo ponerse nerviosa en cuestión de segundos y arruinar todo lo que tenías ganas de decirle reduciéndolo a lo mínimo. El día en que me sentía tan nerviosa como decepcionada conmigo misma.

No me he dado cuenta y ya deben haber pasado casi 2 años de la primera vez que me leí "El Mundo Amarillo". Recuerdo el día en que me lo compré. Por aquella época llevaba ya un par de semanas rondando las librerías, hojeando todos los libros. Buscando sin buscar un libro que me llamase la atención, que me incitase a leer. Todo sea dicho: nunca he sido una gran lectora. Y ése, lo hizo. Su tapa amarilla llamaba demasiado la atención como para pasar desapercibido. Me encantó desde el primer momento aún sin saber de qué iba. Fue leer su sinopsis y saber en el acto que me lo iba a quedar.

Y así fue el inicio de todo... El inicio de sentir emoción al leer. Ver el mundo de una forma distinta. Ver el mundo amarillo. Hacer listas de las 5 cosas del día. De preguntas y de respuestas. Pensar en mis amarillos... y en los que vendrían. Pero no fue algo pasajero. Después de dos años aún pienso en amarillos. Veo las cosas de un color... amarillo. Me encanta poder encontrar poco a poco (sin forzar) a mis amarillos y pensar el hecho de que quizás en algún momento soy, fui o seré amarilla también para alguien.

Me empecé a interesar más por lo que hacía Albert. Vi unas cuantas películas suyas más, leí "Todo lo que podríamos...", fui a ver "El fascinant noi..." (con el que no pude evitar emocionarme), me perdí firmas de libros suyas en Barcelona, aún tengo pendiente ver Planta 4ª, vi "No me pidas que te bese...", leí "Si tú me dices ven...", sigo "Polseres" y le fui a ver hoy a la Feria del Libro de Madrid. Quería hacerle saber todo lo que me ha transmitido con lo que hace. Transmitirle lo genial que me parece que es. Que me fascina su personalidad, en definitiva.

Después de 3 meses viviendo en Madrid empezaba a disfrutar de la gran oferta cultural que ofrece la ciudad. Así que ahí estaba yo, haciendo cola en el Retiro para que Albert me firmase el "Si tú me dices ven...". Ya había escogido la página del libro en la que quería que lo hiciese.

Como es habitual en mí, muchas veces me lanzo a hacer algo sin pensar lo más mínimo en como lo haré realmente, en esa parte final... a la que (sorprendentemente) doy menos importancia siendo realmente la más importante. Y así fue cómo la cola avanzó hasta tal punto que ya pude verle. Saludó a las dos mujeres que iban delante mío. Una de ellas le dio el libro y le dijo "para Esther, con h por favor", sin cruzar una sola palabra más con él. Y acto seguido se fue, siendo entonces mi turno.

Él se inclinó hacia mí... no recuerdo si me dijo "hola". Yo aún estaba atónita por lo que acababa de ver. Esa situación... tan diferente a la que yo quería vivir segundos después!Todo fue muy rápido. Sabía todo lo que quería decirle... que no eran más que elogios. Y me di cuenta que si lo soltaba todo así de sopetón no iba a parecer más que una fan incondicional de esas de Take That que salieron hace tantos años en TV. No sabía tampoco hasta qué punto me iba a creer o se iba a pensar que estaba un poco loca. Pero los nervios que me invadieron enseguida evitaron dicha situación.

Le di el libro mientras le solté un "hola, qué tal". Me respondió. Me dio la sensación que le había gustado que alguien no fuese tan al grano. Pero yo ahí ya estaba muy nerviosa. "Para Cristina, por favor". "La verdad es que me ha encantado". "Sí? Jo, qué guay". Me encantó hacerle sonreír. "Y el mundo amarillo... es fantástico", le decía yo mientras se me ponía mi voz de nerviosa característica. Voz de esa de niños que parece que se vayan a poner a llorar de un momento a otro. ¿Cómo le iba a decir todo lo que tenía planeado? Me devolvió el libro y, antes de poder decirle nada más, el hombre que iba detrás de mí me pedía si podía hacerle una foto con él que era un regalo para sus hijos. Accedí amablemente, les hice la foto... y mi turno había pasado. Mi gozo en un pozo, como dicen.

Y así fue cómo automáticamente me sentí como una boba. Así fue cómo llegué a conocer a Albert Espinosa... o, mejor dicho, cómo me puse tan nerviosa que arruiné uno de los mejores momentos de mi vida. Sí, definitivamente eso me ha quedado muy de fan de Take That.


Al llegar a casa, volviendo a mirar por tercera vez lo que me había escrito... me di cuenta de que me había firmado en la página que yo quería que lo hiciese.

"Muchísimas gracias", Albert.
:)

2 comentaris:

  1. va a mi gimnasio... si algún día quieres que te firme otro libro... ;)

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  2. me acabas de hacer un poquito más feliz!

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